Sí que ha pasado mucho tiempo desde la última vez que escribí en este blog. Es un espacio antiguo que creé hace muchos años, pero por pudor he borrado muchas entradas viejas. Releí todo, una vez más. Antes me parecía que lo escrito aquí eran textos de otra persona y pensaba que eso era lo normal. Ahora estoy en desacuerdo. Supongo que se debía a que inconscientemente negaba una parte de mí. Ahora es diferente. Creo haberme reconocido en todas esas emociones sobre las que escribí. Siento que debería aceptarlas, porque aunque ya no sea el mismo, forman parte de una carga que he llevado durante meses o años. No sé si me he hecho más fuerte o más débil, lo que no ha cambiado es cierta sensación inexplicable de soledad o de vacío. Si escribí sobre lo que me provocaban mis sueños y pesadillas fue porque era lo que realmente se hallaba atascado en el sótano de mi corazón. La luz se filtraba por entremedio de los agujeros que yo me esforzaba en tapar. Ya no quiero reventar por dentro. Quiero sentir paz. Allí estoy yo, cada día. Resistiendo. Intentando parecer aliviado y ligero, todos piensan que transmito bondad y serenidad. Pero arrastro un temporal que amenaza con destruirlo todo, un diluvio. A veces se me ponen los ojos húmedos y me aguanto las lágrimas que no sé de dónde vienen. Cierro los ojos con fuerza y me digo: tengo sueño, me entró algo. Si colapsé en el último tiempo fue porque había tenido todas esas emociones contenidas.
¿Por qué me cuesta tanto concentrarme en el momento que estoy viviendo? Todavía me pasa eso cuando camino por la calle en piloto automático. La sensación de estar cayendo profundamente dentro de mí mismo, enredado en mis pensamientos. Sin poder prestar atención a las cosas que ocurren a mi alrededor. Allí es cuando me envuelve la melancolía y siento que imperceptiblemente para los demás, excepto para mí, me ensombrezco, me hago más triste.
Estuve imaginando unos personajes y situaciones. El primero era de una mujer que viajaba desde una distancia muy lejana para ver a un amigo que estaba enfermo, pero cuando llegaba él ya se había muerto sin la compañía de nadie. Ella se lamentaba mucho, pero él (como fantasma) le decía: viniste desde tan lejos, solo para verme. Nunca lo olvidaré. Más tarde soñé que ese muchacho no estaba enfermo, sino que lo habían atacado y estaba agonizando. Lo habían dejado totalmente destruido. La mujer después estaba sola en un puente, mirando la nada. La voz del chico le susurraba un mensaje a través del viento. Ella percibía una presencia, pero luego solo se veían las hojas de otoño que se arremolinaban en una tarde gris.
También soñé con una persona que traían en una silla de ruedas. Una amiga la llevaba en secreto a ver a sus mejores amigas. Digamos que a la lisiada le habían hecho mucho daño. Hubo diferencias, peleas. Se distanciaron. Cuando llegaba con la chica en silla de ruedas, era como si les trajera una bomba, un caballo de Troya, porque su llegada lo quebraba todo. Veía que causaba un gran impacto, y desencadenaba sentimientos de culpa en las muchachas. Las amigas la rodeaban y la abrazaban al verla, intentaban consolarla y decirle lo mucho que la querían. "Hiciste que me preocupara mucho por ti", le decía una de sus amigas. "Siempre te quisimos", y también: "Nunca debiste irte" o "Si nos hubieras dicho lo mucho que estabas sufriendo". ¿Pero de qué servía? Esa niña ya no podía caminar, ya no podía hablar. Y entonces estrechaban el círculo alrededor de ella y lloraban. Yo era solo un observador en esa escena. Quería ayudar, pero estaba fuera de ese círculo. Su presencia al mismo tiempo rompía el mundo y lo volvía a unir, pero siempre de un modo triste.
Siempre sueño con gente que no conozco, gente que está sufriendo. A veces imagino que toda esa gente soy yo.
Después soñé con el viejo condominio de la calle Molina. Esta vez los hechos volvían a situarse en la casa imaginaria, esa que era una falsificación de mis recuerdos. La casa de la niña muda. En este sueño, sí vivía gente en esa casa, pero era otra familia que se había ido de viaje. (Por cierto, se supone que todas las casas son iguales, pero esa siempre es diferente, está emplazada de otro modo. A veces es una mezcla de todas las casas en las que he estado en mi vida). Era de noche. Los vecinos se reunían para investigar porque había luz en esa casa y nunca se apagaba. Yo me daba cuenta de algo. En el resto del condominio se había cortado toda la luz. Solo esa casa se iluminaba como un parque de atracciones. Había luces de distintos colores y figuras con formas pintorescas que ya no puedo recordar. Un hombre me decía que allí había una puerta de entrada a otro mundo y que solo tenía una oportunidad para acceder a él. Otro decía que en esa casa estaban robando electricidad y que iban a poner una denuncia para que vinieran a fiscalizar. Es probable que no haya anotado las cosas en orden. También es cierto que este sueño está incompleto porque solo recuerdo fragmentos.
Después desperté. Me dio por revisar estos textos y volver a escribir. Me ayuda a no pensar tanto. Aunque no tengan tanto sentido, mientras escribo mi mente se desacelera, se pone a un ritmo más adecuado. Ahora podré dormir mejor. (Espero).
