Ha pasado un año exactamente desde la última entrada que escribí. Abrí el blog sin pensar en la fecha. No creo que haya sido coincidencia. A veces el universo se manifiesta de formas extrañas. He releído mis textos con la sensación de estar leyendo a una persona diferente. Es como si fuera otro el que escribió esos textos y, por supuesto, eso es lo normal. Los sueños que escribí reflejan mucha melancolía, ansiedad y temor, deseos de aventura, de emprender proyectos, de moverme, quizá de escapar (¿de qué?). Creo que debería retomar con más constancia la práctica de escribir sobre mis sueños. Cuando los leo ya pasado el tiempo, ajeno a las emociones y sensaciones que motivaron su escritura, esos sueños que registré parecen más claros, más fáciles de penetrar, de domesticar por el intelecto. Tampoco es que me interese mucho desenmarañarlos, pero cuando los releo y recuerdo otro sueño que había escrito hace años, descubro qué es lo que estoy olvidando. Sí, a veces me parece que son una llamada de ayuda. Había un sueño en el que atravesaba un sendero de tierra con árboles a los lados, que parecía un túnel muy oscuro. Yo llevaba a mi hermano en bicicleta y a veces aparecían vagabundos que nos observaban con extrañeza, pero yo seguía pedaleando. Tal vez muchos de estos sueños no significan nada. Pero sí siento que en el fondo les estoy buscando un sentido. Ahora ya no hay hermano. Es mi hermana que ha florecido y está abriendo sus pétalos al mundo. En cuanto a mí, no he sido un buen hermano, ni un buen hijo, ni un buen amigo quizás. Iré a dormir. ¿Si ya no soy el que era cuando escribí hace meses,... quién soy, qué es lo que ha cambiado en mí y por qué?
