domingo, 20 de julio de 2025

20 de julio de 2025

Tuve un sueño en el que yo caminaba por las calles de una ciudad desconocida que dentro del sueño me parecía vagamente familiar. Entraba a un recinto que parecía un colegio o una facultad universitaria. Había muchos estudiantes. Discurseaban. Se sentía un ambiente extraño afuera. Como si todo el perímetro estuviese siendo vigilado por las fuerzas del orden. La gente parecía nerviosa, como si la tensión se respirara en el aire. Salí del edificio y me acompañaron dos personas cuyos rostros no puedo recordar. De pronto comenzó a temblar. Todas las cosas se tambaleaban. Yo intentaba protegerme de los objetos que se caían en las calles. Me subí sobre un bloque de cemento, y salté una reja verde. Trataba de guarecerme de los pedazos de edificios que caían en los bordes de la vereda y los postes que se venían abajo arrastrando consigo los cables de electricidad. Los autos que pasaban se remecían contra el pavimento. Mis piernas se paralizaron por un momento y mi cuerpo se movía hacia un lado y otro como un barco en medio de una tormenta. Podía escuchar los ruidos alborotados de la gente que corría desesperada. Al final, no me pasó nada. Después de unos minutos, el movimiento cesó y me encontré a salvo. Entonces, como si fuera guiado por una brújula invisible, recorrí las calles de regreso hasta el colegio o facultad. Se sentía el miedo de la multitud, los rostros estupefactos delataban el horror de los transeúntes. Yo logré atravesar esa ciudad desquiciada como si siempre hubiera conocido el camino. Corté por algunos callejones y conseguí llegar hasta el edificio. Esto era extraño, porque en la realidad yo tengo casi nulo sentido de la orientación espacial. Sin embargo, en el sueño, me movía con naturalidad y fluidez por una ciudad que, repito, yo nunca había visitado. Parecía una mezcla de varias ciudades conocidas, como si estuviera hecha de fragmentos de mi memoria. Quizá por eso pude recorrerla sin perderme. Cuando llegué hasta el edificio amarillo, entré por una puerta pequeña. Adentro se observaban escombros. Los estudiantes se habían quedado dentro y discutían sobre la situación. Me inquietó que parecía importarles más el rumor de un inminente golpe de estado que el terremoto reciente. Yo no alcanzaba a entender si el golpe de estado venía de los enemigos o los estudiantes lo estaban preparando. Decidí quedarme dentro, el sol comenzaba a ocultarse y las paredes amarillas se iban oscureciendo hasta que su color se volvía indistinguible. Creo que luego encendieron una fogata en el interior y cantaron canciones de protesta. A pesar de que yo no entendía mucho lo que ocurría, me reconfortaba el ambiente de compañerismo. Decidí quedarme, porque a pesar de que todo era incierto y confuso, sabía que pronto comenzarían a avanzar los tanques por las calles y ocuparían la plaza. Desperté antes de saber si sobreviviría.